Otra causa bastante frecuente es la tiña versicolor, una afección provocada por un hongo que vive de forma natural en nuestra piel. Cuando este hongo se descontrola, puede generar manchas claras o más oscuras, especialmente en la espalda, el pecho y los hombros. Lo curioso es que suele notarse más después de tomar sol, porque las zonas afectadas no se broncean igual que el resto de la piel. Aunque el nombre asuste, tiene tratamiento y suele resolverse con cremas o lociones específicas.
Ahora bien, cuando se habla de manchas blancas, muchas personas piensan inmediatamente en el vitiligo. Esta condición ocurre cuando las células que producen melanina dejan de funcionar en ciertas áreas del cuerpo. El resultado son manchas blancas bien definidas que pueden aparecer en cualquier parte: manos, rostro, rodillas, codos e incluso el cabello, que puede volverse blanco en esas zonas. El vitiligo no es contagioso ni peligroso, pero sí puede tener un impacto emocional importante, sobre todo por el cambio visible en la apariencia.

También existen las manchas blancas que aparecen después de una lesión en la piel. Quemaduras, heridas, acné fuerte, reacciones alérgicas o incluso picaduras de insectos pueden dejar zonas más claras una vez que la piel sana. A esto se le llama hipopigmentación postinflamatoria. En muchos casos, el color se va emparejando con el tiempo, aunque puede tardar meses.
El sol juega un papel clave en todo esto. Exponerse demasiado sin protección puede dañar las células que producen melanina. Por eso, algunas manchas blancas se notan más en verano o después de ir a la playa. Usar protector solar no solo previene el envejecimiento prematuro, sino que también ayuda a evitar diferencias de tono en la piel.
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