Una porción de 30 gramos aporta unos 4 gramos de fibra, fundamental para la diversidad y salud del microbioma intestinal. Según la científica del microbioma y nutricionista doctora Emily Leeming, esta fibra actúa como prebiótico, alimentando a las bacterias beneficiosas del intestino.
El efecto sobre el azúcar en sangre es igualmente relevante, especialmente para personas con prediabetes o diabetes. El consumo de almendras puede reducir la glucosa en sangre en ayunas y la HbA1C, especialmente en personas con prediabetes. También puede aumentar las bacterias intestinales beneficiosas, contribuyendo potencialmente a la salud metabólica.
Lo que ocurre con el peso: la paradoja que sorprende
Las almendras son calóricas. Este es el argumento que más personas usan para no comerlas. Pero la evidencia apunta en dirección contraria. Aunque calóricas, las almendras ayudan a controlar el apetito y a mantener un peso saludable. Su alto contenido en fibra y grasas saludables genera una sensación prolongada de saciedad, lo que reduce el picoteo y el consumo excesivo de otros alimentos. Además, estudios recientes destacan que incorporar almendras en dietas hipocalóricas mejora la composición corporal —más masa magra, menos grasa abdominal— y el perfil glucémico, reduciendo la resistencia a la insulina.
Un mayor consumo de almendras —al menos 50 gramos al día— puede asociarse a una ligera pérdida de peso en algunos participantes en los estudios, sin producir aumento de peso.
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