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El punto del hígado es clave: pocos minutos bastan para que quede tierno.
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La cebolla bien cocida y dorada aporta gran parte del sabor del plato.
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Podés sumar un toque ácido al final para realzar todo.
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Usar caldo en lugar de agua mejora el resultado final.
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El puré debe ser suave para equilibrar la intensidad del hígado.
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Servir bien caliente ayuda a disfrutar mejor los jugos.
Una preparación simple, sabrosa y bien casera, ideal para una comida completa.
Con pocos ingredientes se logra un plato que rinde y satisface.
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